No todo sale como uno espera. A veces pensamos que nada puede estropear un agradable momento que estamos viviendo… pero no es así. En unos minutos se puede transformar lo que creías un buen día en algo totalmente diferente. Pero al margen de todo esto, debemos, cuanto menos, ser positivos aunque por naturaleza no lo seamos. Porque recordemos… si algo va mal siempre puede ir peor.
Prueba de ello es lo sucedido el 19 de diciembre de 1734 en la pequeña de ciudad de Knox (Pensilvania).
Tim, un matemático y biólogo finés recién graduado, se dirigía hacia Pittsburgh la madrugada del 18 de diciembre, tras haber sido avisado de sucesos extraños sucedidos días antes. Había sido avisado por un tal Mr.L. Cuando llegó a casa del señor L, abrió la puerta un señor muy mayor, de rostro pálido y blanquecino. Cabizbajo le preguntó su nombre. Tim algo nervioso contestó:
-Tim: T…Ti… Tim…
(Se hizo un silencio aterrador durante unos segundos, pero…)
-Señor Mayor: Excelente… lo estábamos esperando, por favor, pase.
-Tim: ¿Y el señor L?
-Señor Mayor: El señor L está atendiendo un asunto urgente caballero, tendrá que esperar aquí.