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Archivos de la categoría ‘Deseo de un enamorado [+18]’

Cuando había sonado la alarma se había activado un curioso sistema de apertura de puertas, como las que presentan numerosos centros comerciales a su apertura. Todas las “habitaciones habilitadas”, se abrieron y se desplazaban hasta mostrar el camino completo. Nuestra situación era de pánico: éramos vírgenes y nunca habíamos visto a una chica desnuda en vivo. Pero no fue a la primera, porque al intentar distinguir entre luces, muebles y chica observamos que ésta estaba con la espalda apoyada en el fondo de la cama, con una fina camisa azul y mirando al colchón.

La miramos atónitos como si un fantasma viéramos, cuando nos miró y mostró una leve sonrisa.

- ¡Qué suerte, no me han tocado los peores! – exclamaba la chica.

- Tú eres Ginebra, del aula B de mi curso, ¿verdad? – preguntaba Juan.

- Claro, yo también te conozco. Si estas enfadado te sueles poner solo mirando el cielo, estás realmente atractivo haciéndolo – se ríe cortamente Ginebra.

- Gracias por el cumplido. Y ahora… ¿qué hacemos?

- Podríamos hablar mientras saltamos en la cama – se me ocurrió una idea -. Así pareceríamos que estamos follando, porque para perder la virginidad prefiero perderla con alguien que ame.

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El día más especial y esperado para reunirme en compañía de mi amada se fue de forma escandalosa al traste. Todo ello porque estaba enferma o tenía que hacerse un chequeo médico, no lo sabía.

Entonces sonó la segunda alarma. Aproximadamente la mitad de los chicos en el patio ya habían elegido a sus compañeros con quien hacer actos conyugales, donde parecía que ya habían sufrido orgasmos en el transcurso de la búsqueda de compañeros y los continuos toqueteos entre ellos. Ya subían a las determinadas “habitaciones habilitadas” con la normalidad de un día de clase, cogidos de la mano o incluso abrazados de los hombros y caderas. Era la imagen perfecta de que había perdido mi tiempo observando las peculiares características físicas de mis compañeros del centro, y ahora todo iba a ir a peor.

Y digo peor porque lo predecía; justamente la mitad de las chicas que quedaban eran las horrendas, espantosas y momificadas mujeres que había criticado hace apenas unos minutos. Esa imagen se fue muy deprisa, ya que aquellas chicas que quedaran solas también tenían que subir a una habitación para prepararse para cuando lleguen los chicos. Podría estar salvado, puesto que la otra mitad de las chicas eran hermosas, y sobretodo flacas, como me gustaban a mí.

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Era la hora. Todos los chicos se miraban con caras de impresión y de angustia, tales como pondría la gente de la calle si una raza superior a la humana amenazase la tierra. Eran cuerpos temblando, dando vueltas, con los brazos unidos pareciendo como si rezaran. Chicas que se tapaban los ojos con las manos y éstas apoyadas en la mesa. Chicos hablando más que nunca, algunos riéndose y sintiéndose más felices que nunca, y otros de brazos cruzados, sea mirando al techo o la ventana.

Yo tampoco tenía escapatoria. Apoyé la frente contra la mesa y pensé que era un sueño. Mis esfuerzos eran en vano, porque vivía una realidad. Esto fue peor que ser una obra de arte surrealista, peor que te caigan mil tomates del cielo, peor que tus compañeras te vieran desnudo en un puticlub porque te equivocaste de puerta al ir a tu casa. Mil puñetazos parecía que me dieran en el estómago, todo mientras veía a mis compañeros saliendo del aula, sin pausa pero sin prisa, por la puerta. Quedaban pocos, algunos con nervios y otros que parecía que no les faltase tiempo. Yo reaccioné dándome un puñetazo en mi cara. Pude ser consciente que estaba aquí, y era la hora de ser críticos, ir más allá de la costumbre y observar la realidad de forma diferente. Con actitud de héroe, salí por la puerta del aula.

El trayecto desde mi aula hasta el patio fue como si estuviera avanzando por un valle de fuego, lava y oscuridad. Era como si me rodease un aura por mi cuerpo, y todo lo que encontrase a mí alrededor quedase apartado o directamente destruido. Pude incluso notar que atravesaba una pared imaginaria, hacia el reino surrealista.

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Era así como un día cualquiera de colegio en 1º de Bachillerato, la misma parada, el mismo transporte, la misma llegada y los mismos compañeros hablando de sus “aventuras” y del fútbol (que cuando se ponen pesados son para…). En este contexto llegamos a clase donde tendremos lengua con doña Daniela, pero entonces llega nuestra tutora, la señorita Esmeralda y nos pide que nos sentemos, pasa la lista y nos ruega silencio para dirigirnos la palabra:

- Bien chicos, hoy es un día especial. La Junta Directiva del centro ha declarado desde 4º de ESO hasta 2º de Bachillerato el Día del Sexo. ¿En qué consiste este día? Básicamente tendréis que elegir a una compañera con la que realizar el acto sexual y otro compañero de apoyo y que esté dispuesto a disfrutar tanto la compañera como el otro compañero.

Entonces empiezan a surgir los rumores y susurros en la clase, en el sentido de qué locura es ésta o en qué estaban pensando los de la Junta en este momento. Algunas hablaban de qué tipo de persona le tocaría ahora, otras rezando que no les toque a los peores. Y muy pocos tenían claro a quién querían follar.

- En este acto la Junta no ha querido poner esta actividad en los chicos de 3º de ESO ya que lo considerábamos muy pequeños para este acto, pero en años posteriores los incorporaremos al sistema.

Doña Esmeralda seguía hablando mientras pensaba en a quién me tiraría. Estoy como loco por una tal Sonia desde hace dos años. Siempre era ella el tema de mis tocamientos nocturnos, a esto le añadía algunas otras compañeras de 4º de mi propio curso que estuvieran como un queso y me las imaginaba desnudándose delante de mí. Era increíble, pero tenía claro a quién quería que limpiase mi sable: Sonia.

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