Esos condenados se abalanzaron sobre nosotros como depredadores cazando a su presa.
Dean acertó a un par de ellos a la cabeza antes de que se lanzaran sobre él un grupo de podridos. Yo, sin munición en la pistola, intentaba zafarme como podía de un par de ellos que intentaban morderme.
Pensaba que era el fin, pero justo en ese instante Dean llamó mi atención desde una esquina mientras buscaba algo en su bolsillo.
-¡Rubén! –gritó-, ¡Bébete esto rápido!
-¡¿Qué coño es esto?! – le repliqué mientras cogía al vuelo un pequeño frasco con un líquido rojo.
-¡Confía en mí, vamos! – gritó a la vez que golpeaba con el codo a un podrido que le atacaba por detrás-. ¡Solo me quedan dos! Ya me darás las gracias.
“No tengo nada que perder” –pensé cuando sujetaba el pequeño frasco con la mano izquierda mientras con la derecha propinaba un derechazo a un zombi rezagado a mi lado.
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