Cuando nací, allí estabas, esperándome, aunque lógicamente no me acuerdo, puedo imaginarme perfectamente tu cara, la de un niño orgulloso de su hermanito que acababa de nacer.
Me pedias a papá y a mamá en tu carta de reyes, qué bonito, y finalmente llegué, no en una caja envuelta ni con un lazo pero llegué, tres meses más tarde.
Lástima que en nuestra casa una llama se fuera apagando poco a poco y por causas del destino quedo un vacío en el hogar.
Yo era un crio, muy pequeño, y para mí la vida en si era un misterio, por eso no entendí la magnitud del asunto hasta que pasaron los años. Pero ahora entiendo lo mucho que te costó a ti; ahora sé porque tu vida dio un vuelco tan grande y tuviste que cambiar a la fuerza porque siendo tan joven viste que tenías una familia que cuidar y tenías que ser fuerte.
Tuviste que cambiar de instituto, de amigos… Con el tiempo te volviste un rebelde sin causa, seguramente también debido a los mismos motivos. Has sido un poco… cabrón, ¿pero qué podías hacer? Tu hermano era un mico con sus tonterías y tu madre apenas te entendía, creo que lo único que necesitabas era que te escucharan, solo eso. Porque seamos justos, hay gente que no te ha tratado correctamente y te han puesto muchas trabas en tu vida.
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